En medio de un ambiente de gratitud y alegría, celebramos los 15 y 40 años de vida consagrada de nuestras queridas hermanas en Centroamérica. Este significativo aniversario no solo marca el paso del tiempo, sino que representa décadas de entrega generosa, servicio incansable y fidelidad a la misión que Dios les ha confiado.

Cada uno de estos años ha sido una oportunidad para sembrar amor, acompañar vidas y ser signo de esperanza en medio de las realidades que enfrentan nuestras comunidades. Su presencia ha dejado huella en innumerables corazones, transformando historias a través de gestos sencillos pero llenos de sentido evangélico.

Hoy damos gracias por su testimonio, por su “sí” constante y por la luz que siguen irradiando en nuestra tierra. Que este camino recorrido continúe floreciendo en nuevas vocaciones, en renovada entrega y en la certeza de que su misión sigue dando fruto abundante.